El Teatro Real de la Opera de Madrid, es uno de los tesoros nacionales en cultura que posee el país. Este se encuentra situado en la plaza de Oriente, frente al Palacio Real. El Teatro Real fue un proyecto que tardó más de 30 años en finalizarse y por el que pasaron hasta más de cuatro arquitectos diferentes.

Tuvo un costo de más 40 millones de reales de vellón. La tardanza en sus obras se debió a los distintos conflictos políticos, sociales y económicos por las que atravesó el país durante los comienzos del siglo XIX. Todo esto sucedió durante la finalización del reinado de Fernando VII y el reinado de Isabel II.
Durante todo este periodo, se resaltó la lucha revolucionaria que hubo entre los absolutistas y liberales, finalizando en el Sexenio Democrático. Su construcción comenzó en 1818, y fue finalmente inaugurado en 1850. Se mantuvo abierto de forma ininterrumpida como teatro de ópera hasta el año 1925, cuando luego tuvo que cerrar a causa de problemas estructurales en el edificio.
No fue hasta 1966 que volvió a abrir sus puertas, como sala de conciertos sinfónicos. Entre 1988 y 1997, paso por una remodelación completa que lo volvió a convertir en coliseo de la ópera. En el año 2017, se registró que logro recabar ingresos de unos 53,3 millones de €.

Concepción e inauguración
Antes de que existiera el Teatro Real, los actos liricos tenían lugar en los teatros del Príncipe y de la Cruz. Durante el reinado del rey Felipe V, se edificó el Teatro de los Caños por Francisco Bartoli, quien fue el director de una compañía italiana que causo furor en España. Este se construyó por encima de los abandonados lavaderos de los Caños del Peral, ubicación actual donde se encuentra el Teatro Real.
La los trabajos de obras comenzaron en abril de 1818 y su creación fue obra del arquitecto Antonio López Aguado, quien ideo la construcción de un teatro moderno propio de los siglos XVIII y XIX, dejándose llevar por las ideas acotadas por Blondel en su Cours d’Architecture de 1771. Que defendía las creaciones de edificaciones aisladas con arcadas exteriores para tomar el aire y de fácil acceso para coches y caballos.

Pero debido a la crisis económica de ese entonces y la muerte del arquitecto principal, sus obras se vieron paralizadas. A instancias de su muerte, se buscó un sustituyo, poniéndose entonces al mando del proyecto a Custodio Teodoro Moreno, quien prosiguió con las ideas de su antecesor.
Se dio un gran impulso al proyecto que alentó las grandes esperanzas entre los fanáticos. Esto fue descrito por Mesonero Romanos, quien hablaba así del teatro: “únicamente puede decirse que es grandioso en su conjunto, y que su resultado ofrecerá a la capital un teatro comparable en extensión al de la gran ópera de París”. En 1837 ocurre un nuevo paro de los proyectos. Desde entonces el teatro pasó a tener diferentes usos antes de que fuera inaugurado formalmente como el Teatro Real en 1850.
Desde un salón de baile a un almacén de pólvora, un cuartel de la Guardia Civil y Congreso de los Diputados, fueron los usos que se le dio a este espacio. No fue hasta el año 1842 que se reanudó su construcción de una manera muy distinta a lo que concebían los anteriores arquitectos. Ya que el proyecto paso a manos de los arquitectos Juan Merlo, Fernández Gutiérrez y Juan de Ribera.
Aunque luego de dos años, el proyecto fue encargado al arquitecto mayor de Palacio Narciso Pascual y Colomer. La solución definitiva a todos los problemas económicos llegó con la creación de una junta interventora formada por las tres partes interesadas en el Teatro: el Estado, la Casa Real y el Ayuntamiento.
Fue hasta que el 7 de mayo de 1850, por medio de una Real Orden, que se impulsaron las obras del Teatro, exigiendo su finalización en un plazo de seis meses, como así se realizó. Fue gracias a la afición de la reina Isabel II a la ópera y la colaboración del conde de San Luis que se logró que el coliseo abriera sus puertas el 19 de noviembre de 1850.
A la inauguración asistieron todas las personalidades de la época, incluida la reina, y se realizó con la interpretación de La Favorita de Donizetti. Que se empezó a cantar desde el año 1843 en el Teatro del Circo. La dirección fue encargada al marqués de Salamanca.
En la decoración interior trabajaron los artistas y decoradores más destacados de la época. Rafael Tejeo, Eugenio Lucas, que pintó los techos, o Humanité-René Philastre, quien diseñó el telón de boca. El auditorio, que se estima que tenía unos 2200 asientos (aunque se decía que eran 2800). Había dos salones de baile, tres salones de descanso, una confitería, un café, un tocador y un guardarropa.
Todas estas comodidades se habían copiado de los grandes teatros europeos de la época, como el San Carlo de Nápoles o La Scala de Milán.

Desde su concepción el teatro presento problemas estructurales y funcionales, a lo se le agregaron que distintos incendios que hicieron necesario que se le realizan. 17 años luego de su apertura, el Teatro Real sufre su primer incendio, ocurriendo en el teatrillo del Conservatorio. Por fortuna, este estaba separado del escenario por un patio, lo que evitó accidentes mayores.
Aun con todos estos inconvenientes arquitectónicos, el Teatro Real pasó por una época de gloria, llegando a albergar a grandes personalidades de la ópera europea como Marietta Alboni, Giulia Gressi, Ana de Lagrange, Gaetano Fraschini, Guiseppe Mario, Mattia Battistini o Enrico Tamberlick.
De igual manera, también con destacados directores que dirigieron la orquesta del Teatro, como Franco Faccio, Juan Daniel Skoczdopole, Oudrid o Barbieri.


Siglo XX
En el año 1925, se declara el edificio en peligro de ruina inminente por las aguas subterráneas y la creación de la línea de metro de Príncipe Pío. Esto ya había sido dicho anteriormente por el constructor Antonio Flórez, a quien se le encargó de las reforma. Debido a la Guerra Civil y las dificultades de la posguerra se obstaculizaron aún más las obras, que luego se dieron por paralizadas.
En 1966 se le inauguró como sala de conciertos, Conservatorio y Escuela de Arte Dramático, y así se mantuvo hasta 1988, cuando empezaron las obras para restaurarlo como teatro de ópera. Y fue el 11 de octubre de 1997, que sus majestades los reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía lo volvieron a inaugurar como teatro de ópera.