El origen del teatro tiene que ver, en gran medida, con un anhelo tan antiguo como la propia existencia de nuestra especie en este planeta: la comprensión de la naturaleza humana en todas sus facetas. Es en la antigua Grecia (entre los años 550 a.C y 220 a.C) donde comienza estagénesis teatral. En aquellos tiempos la forma en que se representaban dichos aspectos y la evolución de los mismos a los largo de tragedias, comedias y dramas era mediante máscaras. Cada máscara representaba una mueca determinada (alegría, tristeza, pena, enfado, inteligencia, estupidez…), siendo esto algo que se había quedado fijado en el personaje y que resultaba decisivo para el devenir de sus actos, reacciones y destino. 

La palabra “Persona”, de hecho, proviene de la palabra griega “Prosopon” que significa “Máscara” (delante de la cara). En adición a esto las máscaras utilizadas en el teatro griego tenían una apertura en la boca que servía para que la voz saliese en una determinada dirección. De esta simplificación en un solo gesto, nacía pues, una voz que era más fácil de escuchar y de entender.

¿Y qué es la vida si no un gran teatro en el que representamos diferentes papeles en función de la situación y de cómo nos hemos contado nuestra propia historia? Desde la más tierna edad, aprendemos un determinado papel que nos ha de servir para garantizarnos aquello que todo niño y niña desea de forma más esencial: amor. Así se van moldeando las estrategias para funcionar en el mundo, las áreas de interés, la manera de expresar los afectos o la postura con que caminamos por el inacabable escenario que es el globo terráqueo. 

En la medida en que aprendemos que para ser visto, escuchado, abrazado o reprendido (que no deja de ser, a falta de algo mejor, otra forma de obtener atención) debemos de comportarnos de una forma en particular,vamos moldeando nuestra manera de estar en el mundo. 

Si aprendemos que para ser dignos de amor tenemos que ser inteligentes y sacar buenas notas, ser divertidos, ser duros y no dejar caer una sola lágrima, ser solícitos y siempre en predisposición a ayudar o cualquier otra cosa tendremos dos opciones: rebelarnos ante ello o abrazarlo sin ambages. En cualquiera de los dos casos, nuestra estructura cognitiva, emocional y comportamental empezará a polarizarse ante determinadas cuestiones, y así empezaremos a construir esa máscara a la que llamaremos “personalidad” y con la que muy probablemente nos identificaremos.  

ENEAGRAMA

El Eneagrama es una poderosa herramienta de autoconocimiento que permite ubicar distintas formas de desenvolverse en el mundo. En otras palabras, es una tipificación de nueve estilos diferenciados que determinan de que modo se viven la emoción, el pensamiento y la conducta. 

Si bien se desconoce a ciencia cierta el origen exacto del Eneagrama, son muchos los autores que lo localizan en la antigua Persia y lo ligan a la tradición sufí. No obstante el término Eneagrama proviene también del griego y significa 9 líneas o figura de 9. El símbolo del Eneagrama llegó hasta occidente de la mano de Gurdjieff quien estaba convencido de que los maestros sufíes habían desarrollado un conocimiento que permitía conocer a fondo la naturaleza humana. Fundador de una escuela de búsqueda personal y espiritual, Gurdjieff centró gran parte de su vida en desarrollar este sistema sobre el desarrollo humano y los procesos de autoconocimiento. 

En la década de los 70 Claudio Naranjo, psiquiatra chileno que era investigador en Evaluación de la personalidad en la Universidad de California en Berkeley, tomó las enseñanzas del chamán boliviano Óscar Ichazo, quien a partir de las enseñanzas de Gurdjieff había identificado nueve formas de Ego relacionadas entre sí. Naranjo combinó dichas enseñanzas con sus conocimientos en psiquiatría para cruzar datos con el manual de psicopatologías, organizando extensos grupos de personas que se reconocieran en alguno de los tipos de ego para poder profundizar sobre los orígenes y desarrollos de cada uno de estos 9 sistemas de patrones caracteriales rígidos que conforman estas distintas estrategias de afrontar la vida.  

CONOCIENDO Y ENCARNANDO LA MÁSCARA(Y LO QUE HAY DETRÁS DE ELLA)

Conocer mi historia y el modo en que filtro la realidad esun punto de partida sumamente enriquecedor. Permitesacar más partido al modo en que habito mi persona y también identificar posibles dificultades y retos a la hora de ponerme en la piel de otra persona, de otra máscara. Además brinda la oportunidad de trascender los automatismos que han regido mi vida hasta ahora, de buscar lo esencial en mi (y en los demás) más allá deaquello con lo que me identifico.

Desde un plano puramente teórico, conocer por ejemplo qué patrones comportamentales utiliza un personaje (lo que siempre le ha solido funcionar/cree que siempre le funciona) ante un determinado estresor/obstáculo nos ayudará a construir roles sólidos e historias coherentes internamente. 

No obstante también es necesaria la práctica y la inmersión para obtener un conocimiento profundo y útil de los nueve patrones de personalidad, adentrándonos en la comprensión de sus reacciones emocionales, sus comportamientos íntimos y públicos, sus vestimentas, el tipo de movimientos corporales que usan, su forma de pensar, aquello que les equilibra (de qué modo sanan) y les desequilibra (de qué modo entran en crisis). 

Solamente al ponerme cada una de las máscaras puedosaber como resuena mi voz con cada una de ellas o qué siento cuando me las quito. Decía Jung que “En el análisis definitivo, sólo valemos algo debido a lo esencial que encarnamos, y si no lo encarnamos, la vida está desperdiciada.”  Así pues, el estudio de estas máscaras y cómo es transitar el mundo con ellas es en realidad el estudio de quién soy yo y quien es el otro cuando termina la función y sencillamente somos quien somos sin personaje de por medio.

FUENTE; Artículo original de Juan García Vargas, psicólogo, sexólogo y Terapeuta Gestalt, y co-director de “Sendero Abierto, Educación Emocional”

www.senderoabierto.es